by Oscar Cano

Tienes El Control.

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Difícilmente un ser humano se siente gravemente herido con algo salvo que se le agreda físicamente o por privaciones extremas, a menos que tenga ideas traumatizantes acerca de lo que le sucede.

Al margen de que alguien nos pueda ocasionar un daño físico o privar de algo esencial, ¿qué puede hacer una persona o una cosa externa para causarnos un dolor intenso?

Por supuesto, nos pueden acusar de algo, estar en desacuerdo con nosotros, demostrarnos todo el desprecio e incluso incitar a otros en nuestra contra.

Pero mientras no nos priven de alimentos, ropa, un techo u otras necesidades físicas, todo lo que pueden hacer es desollarnos vivos con palabras, actitudes o ideas negativas, funcionando ello gracias a que nosotros mismos permitimos que nos afecte.

Alguien puede decir algo desagradable sobre nosotros a nuestras espaldas, hacernos un desaire en nuestras narices, poner a los demás en contra nuestra o escribir un artículo donde nos trate de embusteros.

Pero en todo lo anterior no hay más que palabras y gestos, y no hay palabra ni gesto que por sí mismo nos pueda hacer daño, a menos que pensemos que sí que puede. Es decir, a menos que lo consintamos o convirtamos en dañino.

No significa que no debamos prestar atención alguna a alguien que dice cosas desagradables sobre nosotros, ni que debamos despreocuparnos de personas que escriban cosas malintencionadas acerca nuestro.

La  Terapia Racional Emotivo – Conductual (TREC), a diferencia del estoicismo, no coincide con esa especie de falta de preocupación o de implicación total que a veces recomendaran Epicteto y otros estoicos, dado que el preocuparse e implicarse tiene muchas y variadas ventajas a las que no debemos renunciar en un exceso de estoicismo (y de insensibilidad).

Preocuparse sirve.

La preocupación (junto con el cuidado y la cautela) nos ayuda a sobrevivir. Si no nos preocupáramos de mirar antes de cruzar la calle o de prepararnos la comida cuando tenemos apetito, ¿cuánto tiempo permaneceríamos con vida?

La preocupación nos permite también apartar o demorar adversidades desagradables e infelices. Si no nos preocupásemos cuando los demás actúan de mala fe con nosotros, ¿cómo lo haríamos para relacionarnos con las personas que nos son afines? La preocupación contribuye a nuestro disfrute. Si no cuidáramos algunas de las cosas que decimos o hacemos, ¿podríamos establecer amistades satisfactorias, encontrar una adecuada compañía sexual o mantener unas buenas relaciones amorosas?

La preocupación ayuda al bienestar social de la comunidad en la que escogemos vivir. Si no nos implicáramos socialmente, probablemente más de uno tiraría la basura a la calle, conduciría temerariamente su automóvil o abusaría de las personas más débiles.

En consecuencia, debemos preocuparnos y cuidar nuestra propia conducta y los efectos que esta pueda tener sobre los demás, aunque también debemos combatir la preocupación excesiva o ansiosa. Son cosas muy distintas.

Imagen: 95C

Fuente del post:  Una nueva guía para una vida racional Albert Ellis.

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Sobre el autor

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Soy Oscar Cano, abogado dedicado al Derecho de Familia, y Blogger jurídico con más de 1.500 artículos publicados, y escribiendo un post a diario desde enero de 2014.

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